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20/07/2019
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Radio Reloj en la Televisión Cubana

Un reciente programa pone de manifiesto las diferencias abismales entre la radio de la Cuba de antaño y la de hoy

LA HABANA, Cuba.- El pasado martes 9 tuve la ocasión de ver una nueva entrega de Televisando la Radio, por el Canal Educativo. Como dice poéticamente un portal oficialista, ese programa “brinda al televidente la posibilidad de conocer los rostros tras los micrófonos de las cabinas radiales”; su objetivo es “adentrarnos en este enigmático mundo de voces sin imágenes”.

Durante sus años de existencia, el programa televisivo ha consagrado ciclos a diversas emisoras: Radio Progreso, Radio Rebelde, la CMBF, Radio Metropolitana, la COCO, Radio Taíno. Hasta ahí, nada digno de destacar. Las emisoras “fundadas por la Revolución” no tienen un referente anterior con el cual compararlas. Las creadas “en la otra era” realizan ahora, en esencia, una actividad análoga a la que hacían antes de 1959 (exceptuando, claro, los noticieros).

Pero he aquí que la entrega televisiva del pasado martes sirvió para iniciar un ciclo dedicado a Radio Reloj (RR), emisora adscrita al Circuito CMQ, que enarbolaba con orgullo un lema pretencioso, pero veraz: “Si es noticia, la tiene Radio Reloj”. Y en este tema sí hay material de sobra para hacer comparaciones, nada favorables a los tiempos que corren. Como se supone que RR sea un noticiero permanente, la diferencia entre el antes y el después es abismal.

La emisora que da “la hora y noticias cada minuto” comenzó a transmitir el primero de julio de 1947. Ella fue fruto de la iniciativa de dos de los más destacados empresarios cubanos en ese campo: Goar Mestre, como propietario, y Gaspar Pumarejo, que en aquella época era subordinado y colaborador del primero.

Apenas dos meses y medio después de su fundación, la joven emisora se convirtió en punto de referencia de los radio oyentes cubanos; o, al menos, de los residentes en la capital. El 15 de septiembre de 1947, en el Reparto Orfila, de Marianao, se enfrentaron a tiros, durante horas, dos destacamentos enemigos.

Se trataba de conjuntos que entonces eran conocidos por una denominación eufemística: “grupos de acción”. En realidad, gavillas gangsteriles que se disputaban “las mieles del poder”. Sus jefes habían participado de algún modo en la lucha contra el régimen autoritario de Gerardo Machado y los gobiernos subsiguientes. Por esa razón, se creían con derechos “ganados en la Revolución”.

En 1944 ellos, tras el triunfo electoral del Partido Auténtico y la toma de posesión del doctor Ramón Grau San Martín, consideraron llegada su hora. Y ciertamente el nuevo inquilino del Palacio Presidencial habanero no los defraudó. Los “revolucionarios” de antaño recibieron uniformes, grados de oficiales y cuotas de poder.

Los grupos enfrentados en Orfila —por ejemplo— eran dos. Uno —el de los sitiadores— estaba encabezado por el comandante Mario Salabarría, jefe del Servicio de Investigaciones e Informaciones Extraordinarias. El otro era dirigido por el líder de la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR), “grupo de acción” del que formó parte un entonces muy joven Fidel Castro. Se trataba de Emilio Tro, convertido, decreto presidencial mediante, ¡en director de la Academia de la Policía Nacional!

Pero volvamos a nuestros colegas de la naciente Radio Reloj. Quiso la casualidad que, al momento de iniciarse la refriega (al filo de las tres de la tarde), anduviese por el Reparto un vendedor de anuncios de la CMQ, Walterio Voigt. El avispado comerciante se transformó instantáneamente en periodista y, desde un teléfono público, comenzó a transmitir al joven medio de comunicación informaciones sobre lo que estaba sucediendo.

Ese día, la emisora saltó ipso facto al estrellato y a la preferencia del público, y comenzó a usar tres frases de identificación que se convirtieron también en su sello característico: “La noticia en acción”, “El minutero informa” y “Radio Reloj reportando”.

Al lugar también llegó el intrépido camarógrafo Eduardo Hernández Toledo (“Guayo”), que con coraje de corresponsal de guerra filmó escenas memorables de la batalla urbana. Pero eso sería tema de otro trabajo periodístico. El hecho cierto es que un testigo presencial comentó: “Siempre creí que la expresión ‘cortina de fuego’ no era más que una frase literaria; ahora sé que es una terrible realidad”. O sea que Voigt y “Guayo”, como se dice en buen cubano, se la jugaron.

Creo que los sucesos de Orfila reflejan en forma admirable a la Cuba de aquella época: a ratos anárquica y hasta un poco caótica, pero también libre y vibrante. Quienes realizaron el reportaje sobre RR en Televisando la Radio, ¿no se dieron cuenta de las enormes diferencias con la Cuba de hoy!

Supongo que sí. Al menos, al mencionar el lema de la emisora, no tuvieron el decoro de citarlo completo: “Si es noticia…”. Los puntos suspensivos fueron su hojita de parra. En realidad, hubiera resultado excesivo reproducir la frase por entero cuando si algo caracteriza a la emisora actual es que, aunque lleva el mismo nombre de aquella, se trata de una cosa esencialmente distinta. Incomparablemente inferior.

Por supuesto que, hoy en día, sólo un orate sintonizaría Radio Reloj para enterarse de un suceso del momento. Una cobertura como la de los sucesos del Reparto Orfila sería impensable. Esa emisora, en la actualidad, sólo transmite lo aprobado previamente por los burócratas del Departamento Ideológico del Comité Central.

Ella nada tiene que ver con aquella otra, diferente, en los tiempos de Grau, Mestre, Pumarejo, Voigt y “Guayo”, cuando Cuba (como cualquier otro país) tenía, sí, múltiples problemas y sufría esporádicas tragedias, pero progresaba, era libre y reía