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22/09/2019
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LASA y las prohibiciones para viajar fuera de Cuba

El artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce el derecho de toda persona “a salir de cualquier país, incluso del propio”

LA HABANA,  Cuba. – En días recientes, el Noticiero Nacional de Televisión y otros órganos de difusión masiva del castrismo han protestado por la denegación de visas estadounidenses a científicos oficialistas cubanos. Por esa razón, éstos se verán impedidos de participar en el congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, por sus siglas en inglés), que tendrá lugar entre los días 24 y 27 del presente mes en la ciudad de Boston.

El periodiquito Granma, al informar sobre el asunto, empleó un título truculento: “Las zancadillas que EE.UU. pone al saber formado por la Revolución”. El encabezamiento empleado por su homólogo Juventud Rebelde fue más comedido y objetivo: “Decenas de académicos cubanos no podrán asistir a LASA”.

De seguro que, en cumplimiento de sus funciones como “Ministerio de la Verdad” del castrismo, el tenebroso Departamento Ideológico del Comité Central del único partido, determinó qué debían decir sobre el particular los distintos órganos de agitación al servicio del régimen, y cómo debían hacerlo.

Pese a eso, las incongruencias y contradicciones entre unas y otras informaciones saltan a la vista. El “Diario de la Juventud Cubana” afirma que “más de 200 académicos cubanos […] presentaron solicitudes para obtener visa estadounidense”. Granma menciona esa cifra no como una certeza, sino como una mera posibilidad: “Más de 200 especialistas de Cuba podrían presentar sus ponencias” en el Congreso.

Según Juventud Rebelde, el viceministro de Cultura Fernando León Jacomino expresó que desde ese organismo “se apoyó a unos 84 intelectuales en los trámites para el visado, pero que solo 18 lograron obtenerla”. Esto, como es obvio, arroja un porcentaje de más del 20 por ciento, bastante superior al de “12” que menciona el órgano oficial del Partido Comunista.

afael Emilio Cervantes Martínez, uno de los organizadores del evento de LASA por la parte cubana, se queja en el mencionado periódico juvenil: “Para poder acceder a la visa, los cubanos tenían que trasladarse a un tercer país, y allí aplicar, con un costo que, entre transportación, alojamiento y trámites, ronda los 2,500 dólares”.

Y continuó: “Ese es un precio muy alto para el cubano promedio” (un reconocimiento vergonzante y vergonzoso de la miseria en que está sumida la población cubana, incluyendo su intelectualidad). “De ahí que solo 24 investigadores lograran llegar por la visa destinada al fin académico”. En definitiva, ¿fueron 24 o “más de 200”!

Incongruencias numéricas aparte, lo que no admite discusión es la insistencia del régimen cubano por difundir su propaganda, por inocular su tendenciosa versión de los distintos problemas al mayor número posible de oyentes y lectores. De ahí el marcado interés en enviar a estudiosos oficialistas a ese evento en el que se abordan temáticas latinoamericanas.

Pudieran hacerse diversas consideraciones sobre cuán correcta o no es la actitud asumida por las autoridades estadounidenses al rechazar toda una serie de solicitudes de visas. Pero lo que me parece más apropiado, en este contexto, es señalar la actitud inconsecuente asumida ante esta problemática por los personeros del castrismo.

Como se sabe, se trata del mismo régimen que durante decenios impidió —como regla— que sus opositores viajasen con carácter temporal al extranjero. Si deseaban emigrar (realizar una “salida definitiva del país”, como se decía en el lenguaje oficinesco de la época), entonces sí podían marcharse, pero si tenían planes de regresar a Cuba, no.

A los disidentes que solicitaban hacerlo, simplemente se les denegaba el “permiso de salida” (conocido popularmente como “tarjeta blanca”) que se exigía con ese fin. Este periodista sufrió más de una denegación de ese tipo: Una bobería al lado de lo sufrido por la conocida bloguera Yoani Sánchez, quien tuvo que padecer… ¡más de veinte!

En 2013, ya bajo el mandato del general de ejército Raúl Castro, se eliminó el fatídico “permiso de salida”. En principio, a todo ciudadano se le reconoció el derecho a salir de Cuba. Pero, tras los primeros años, el régimen tornó a dar muestras de su indeclinable vocación totalitaria. Volvió a mostrar, en este campo, su oreja peluda.

Se convirtió en una práctica habitual que, de manera arbitraria, las autoridades impidiesen viajar al extranjero a distintos ciudadanos cuya actuación no resultaba del agrado de los órganos represivos. Muchos han tenido que padecer negativas de esa índole. El mismo autor de estas líneas sufrió este atropello en julio del pasado año. Otros lo han experimentado en más de una oportunidad. No en balde Radio Martí calificó la “libertad de viajar” como “un derecho que puedes perder si te opones al gobierno en Cuba”.

Pero no es necesario que hagamos historia. Por las mismas fechas en que los cotorrones del castrismo se quejaban amargamente de la denegación de las visas a sus activistas en el campo de las Ciencias Sociales, a otros cubanos se les impedía salir de su Patria. Por ejemplo, el 22 del corriente, CubaNet informaba de tres periodistas de la revista independiente camagüeyana La Hora de Cuba a quienes se les prohibió salir del país para asistir a un evento organizado por el Instituto Simone de Beauvoir.

Alguien pudiera pensar que existe algún tipo de equivalencia entre ambas negativas (la de los estadounidenses a otorgar la visa y la de los cubanos a permitir la salida del país). Quien lo crea estaría cometiendo un craso error.

El artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce el derecho de toda persona “a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”. Como se ve, ningún estado se encuentra en la obligación de otorgarle visa a un extranjero. Se trata de una autorización que las autoridades de la nación receptora otorgan o no, según sus intereses nacionales y sus propios criterios.

La salida al extranjero no. El citado artículo 13 —como queda dicho— sí proclama el derecho “a salir de cualquier país”, a lo que aclara: “incluso del propio”.

Por consiguiente, el rechazo de algunas solicitudes de visas por parte de autoridades consulares de Estados Unidos puede ser calificado, a lo sumo, como una decisión molesta. La prohibición de salir de Cuba a toda una serie de sus nacionales constituye —por el contrario— una violación grave, evidente y sistemática de sus derechos humanos inalienables.