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TEMA: ¿Dónde está Palestina?

¿Dónde está Palestina? 05 Dic 2016 23:15 #9679

El mundo enfrenta una realidad que ha desestabilizado durante más de medio siglo la paz mundial debido a un complicado conflicto árabe-israelí anclado en el mito de la "independencia de Palestina". Veremos que este es sólo un pretexto en los verdaderos propósitos de algunos líderes del mundo árabe –sobre todo de las facciones más extremistas– encaminados a destruir a Israel y borrar del mapa a todos sus habitantes.

Es notable como este pretexto ha servido para extender esta rivalidad hacia la verdadera meta del Islamismo radical de conquistar el resto del mundo y someter a los “infieles”. Por otra parte, es importante subrayar que el reconocimiento de esta realidad no implica una sanción favorable a los muchos errores y abusos que algunos gobiernos israelíes han cometido con sus hermanos semitas. Esas políticas expansionistas y arrogantes equivocadas no han hecho otra cosa que echarle más leña al fuego y entorpecer la concertación de una paz duradera con dirigentes musulmanes más moderados.

Sin embargo, lo cierto es que el gran peligro para la humanidad en estos momentos no es Israel ni el judaísmo, que se contenta con un pequeño territorio donde sus habitantes aspiran a que los dejen en paz. El gran peligro surge del terrorismo extremista que formula mentiras históricas para fabricar un mito que justifique sus excesos.

¿Cuáles son los antecedentes históricos de esta entidad que hoy día llamamos Palestina? Veamos.
Si vamos a la antigüedad bíblica, sencillamente no existía. Pero tampoco encontramos su definición geográfica en la Edad Media, ni siquiera como parte del proceso expansionista del Islam por las costas del Mediterráneo y sus territorios adyacentes.

Para buscar el origen del nombre, aunque no de la entidad geográfica, tenemos que remontarnos a tiempos del Emperador Adriano, que en el año 135 desmembró la provincia de Judea y expulsó a los judíos a la diáspora. Con un propósito todavía más radical, destruyó el Templo de Jerusalén y quiso erradicar todo rastro de la civilización judía bautizando la región con ese nombre, el cual había sido acuñado por los filisteos muchos siglos antes, en época de David y Goliat.

Desde entonces esta región, con otros nombres sucesivos ha sido siempre parte de otras entidades administrativas del Oriente Medio. Fue parte de provincias romanas, de los califatos musulmanes que conquistaron Jerusalén y toda la región aledaña a partir del siglo VII, de los reinos cristianos fundados por los cruzados que reconquistaron una parte de esos territorios alrededor de Jerusalén, y finalmente por los imperios musulmanes que gobernaron la región hasta que los Otomanos perdieron el imperio a manos de franceses e ingleses al finalizar la I Guerra Mundial. Ninguno de ellos consideró a Jerusalén su capital. Antes de la guerra, el Imperio Otomano había dividido durante siglos la región que hoy ocupan Líbano e Israel en dos provincias conocidas como "Beirut" y el "Sanjak de Jerusalén", también nombrados Vilayato de Beirut y Califato de Jerusalén.

El área geográfica que hoy llaman Palestina, y que incluye al Estado de Israel, no ha sido nunca una entidad autónoma ni, mucho menos, independiente. No existe tampoco un idioma palestino, ni una etnia o cultura específicamente identificada con ese territorio. Sencillamente son todos árabes, y las divisiones actuales son producto del capricho imperialista de franceses e ingleses, que inventaron países como Líbano, Siria, Jordania, Iraq, Kuwait, etc. En ese territorio que hoy ocupa Israel vivían ya a finales de la I Guerra Mundial tanto judíos como árabes.

La población judía llegó a ser más numerosa a finales de la II Guerra Mundial, por dos motivos fundamentales: 1) La Declaración de Balfour, por la cual los británicos se mostraron favorables en 1917 a ceder un pequeño territorio a los judíos ya establecidos en esa región, lo cual provocó un proceso migratorio inicial de judíos hacia esas zonas. 2) El Holocausto nazi, que provocó una emigración masiva de judíos al ansiado Estado de Israel para escapar del exterminio masivo que enfrentaban en Europa.

Por lo tanto, la partición del territorio sancionada por las Naciones Unidas en 1948 daba a los judíos territorios donde contaban con una clara mayoría demográfica. El resto pasó a la soberanía de Jordania (Cisjordania) y de Egipto (Franja de Gaza y un sector limítrofe con el Sinaí). Ningún sector de esta partición fue identificado como una Palestina autónoma o independiente.

Los territorios que conformarían el Estado de Israel eran prácticamente indefendibles y los judíos no contaban con un ejército. Por lo tanto, los Estados árabes juntaron sus ejércitos para invadir y dominar los territorios que creyeron presa fácil. Esa guerra ya se venía gestando con frecuentes agresiones internas a las comunidades judías desde que se proclamó la partición el 29 de noviembre de 1947, hasta la invasión de los ejércitos árabes el mismo día de la declaración de Independencia de Israel el 14 de mayo de 1948. El 7 de Enero de 1949, después de 13 meses de guerra, el Estado de Israel logró consolidar un territorio y se estableció un alto al fuego. Desde el 24 de febrero al 20 de julio de 1949, se firmaron acuerdos de paz con Egipto, Líbano, Jordania y Siria sucesivamente. Irak se negó a firmar tales acuerdos, retiró sus tropas y dejó el control de Jordania a la Legión Árabe. Lo que hoy han bautizado como Estado Palestino, era la Cisjordania, como parte del Reino de Jordania, y la franja de Gaza, como parte de Egipto. En otras palabras, sus habitantes eran árabes de Jordania y de Egipto (en color amarillo en el mapa).

Por lo tanto, el "Estado Palestino" es un mito, y los refugiados palestinos, sobre todo en Jordania, una barbaridad. Es vergonzoso para los líderes árabes de la región que al cabo de más de medio siglo sigan en campamentos “de refugiados” en un país del cual formaban parte originalmente, lo cual puede interpretarse como una evidente y cruel manipulación para que esta cuestión no se resuelva pacíficamente. Igualmente puede decirse de la proclamación de Jerusalén como “capital” de Palestina, cuando en toda la historia o bien ha sido una ciudad más en manos de imperios foráneos o bien ha sido capital de Judea y/o Israel en la antigüedad. El mito se acentúa además en el ámbito religioso cuando proclaman a la mezquita Al-Aqsa y al Templo de la Roca, situados en Jerusalén, como un tercer lugar sagrado de peregrinación Islámica, después de La Meca y Medina.

La verdad pura y sencilla es que Jerusalén no aparece mencionada en el Corán, mientras que La Meca es citada más de un centenar de veces y Medina unas cuantas veces también. Sin embargo, la capital de Israel sí aparece mencionada en la Torá cientos de veces como ciudad sagrada y capital. Tampoco hay prueba histórica de que el profeta Mahoma haya visitado o residido en Jerusalén. Para afianzar este mito suelen citar la Sura 17, titulada “El viaje nocturno” en la que se evoca un sueño de Mahoma llevado “del templo sagrado al templo más remoto”. Son interpretaciones muy posteriores a Mahoma las que implican que ese “templo más remoto” corresponde a la mezquita Al-Aqsa, la cual fue construida por el califa Al-Walid en 711 (casi un siglo después de la muerte de Mahoma), en un extremo de la plataforma del Templo judío original. Fue este califa quien decidió que este lugar era donde el profeta ascendió al cielo y por eso nombró Al Aqsa a la mezquita recién construida, que significa “el punto más remoto”.

Esta guerra interminable entre árabes y judíos, ambos semitas, no es más que un pretexto para los ambiciosos de poder que enardecen a los pueblos para perpetuar su dominio y ensalzar su prestigio. Es la misma ambición y egoísmo que enfrenta ferozmente a sunitas, shiítas, kurdos y wahabíes, todos ellos musulmanes, pero cada uno también con sus mitos y pretextos fomentados por caudillos desalmados. Entre ellos, los únicos que no demuestran un afán expansionista ni una cultura de conquista son los kurdos, que solamente aspiran, como los judíos, a que los dejen en paz en los territorios donde viven. Lamentablemente, al igual que a los judíos, el mundo les da la espalda.

Debe reconocerse también que en Cisjordania vive una población árabe que es mayoritaria y que el Estado de Israel ha impulsado una política de asentamientos judíos mediante la cual están modificando por la fuerza la composición demográfica de ese territorio. Estos asentamientos en territorios ocupados como resultado de una guerra equivalen a satisfacer una ambición de conquista territorial que dista mucho de facilitar un proceso de paz, sino que establece las bases para interminables litigios y guerras futuras. Por una parte, es comprensible que Israel intente de forma solapada y gradual controlar Cisjordania después de la mala experiencia sufrida con el desmantelamiento de los asentamientos en Gaza y posterior retirada del territorio, desde el cual sufre constantes bombardeos y ataques terroristas desde entonces. Por la otra, es comprensible que ese sector del mundo árabe no esté dispuesto a aceptar su desintegración y/o sometimiento, sino que enfrenta ferozmente la política expansionista que se convierte en un verdadero combustible de rebelión.

La paz se lograría en ausencia de los caudillos ambiciosos, guerreristas y/o fanáticos que alimentan estos odios y fomentan estas guerras, para que los pueblos puedan asentarse como buenos vecinos en los territorios donde vivan, borrando esas fronteras caprichosas inventadas en las entrañas del Imperio Otomano para volver a dibujarlas a lo largo de razonables fronteras que reconozcan factores étnicos y religiosos en beneficio de sunitas, shiítas, kurdos, wahabíes y judíos. Y que el Oriente Medio vuelva a ser una encrucijada de comercio y enlace entre tres continentes. Una verdadera Tierra Santa de paz y armonía.
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